Barcelona vuelve a poner la vivienda en el centro de toda la discusión, tanto política como social. El Ayuntamiento ha decidido eliminar poco a poco las 10.000 licencias de pisos turísticos antes de 2028. Al mismo tiempo, el Ministerio de Vivienda ha dado un golpe a las plataformas digitales: les exige que retiren miles de anuncios que no cumplen con el nuevo registro estatal. Las dos medidas van por el mismo camino de reducir el peso del alquiler turístico, pero vuelven a encender la gran pregunta: ¿de verdad estas políticas ayudan a resolver el problema de acceso a la vivienda?
Mientras en Barcelona ya hay fecha para la desaparición de los pisos turísticos, el Ministerio ha ordenado quitar decenas de miles de anuncios de alquileres de temporada y pisos turísticos. Muchos pidieron el registro obligatorio, pero más del 20% de las 412.000 solicitudes en toda España fueron rechazadas por no cumplir la ley. Barcelona está en la lista de ciudades con más anuncios denegados. Esto deja claro el choque entre ciudades que aprietan el control y otras que son más flexibles.
Iñaki Unsain, personal shopper inmobiliario y director de ACV Gestión Inmobiliaria, no ve un impacto real en el mercado residencial con estas medidas. “Esto afecta solo al 1,3% del parque de viviendas en Barcelona. Incluso si todos esos pisos pasaran al alquiler, el efecto sería mínimo comparado con la escasez brutal que vivimos,” dice. Para él, hay que mirar más allá: el problema es la falta de oferta estable y la seguridad jurídica para los propietarios. “No están atacando el cuello de botella real: no hay viviendas suficientes y los dueños cada vez tienen más miedo por la inseguridad legal.”
Unsain insiste: mientras no crezca el parque de alquiler de larga duración y las normas sean claras y predecibles, poner límites al alquiler turístico no bajará los precios ni aliviará la tensión. Según él, el mercado catalán ya no tiene solo un problema de precios, sino de pura escasez. “En Cataluña, el gran problema es que no hay pisos en alquiler. Es un mercado tensísimo, no solo en Barcelona, sino en casi toda la región.”
El experto también señala que los cambios de reglas y la ampliación de zonas tensionadas han hecho que muchos propietarios saquen sus pisos del alquiler. “Vemos cada vez más dueños que retiran sus pisos porque no se sienten protegidos legalmente, sobre todo si hay impagos o problemas de contrato. Esto ha llevado a que muchos prefieran vender. Así, el mercado del alquiler se ha encogido como nunca.” El resultado es menos contratos firmados y una demanda disparada, empujada por el crecimiento de la población, los cambios laborales y nuevas formas de vida.
Y no es solo cosa de Barcelona ciudad. Municipios del área metropolitana y otras capitales catalanas están igual. “Las periferias ya no son mercados secundarios. Han absorbido la demanda expulsada de Barcelona y ahora también están tensionadas, con menos contratos y precios que suben rápido,” explica.
A todo esto hay que sumarle los cambios tras la pandemia: más movilidad entre ciudades, búsqueda de más espacio y el teletrabajo, que se ha quedado en parte. “Estos cambios también han puesto presión sobre mercados que antes servían de escape.”
Sobre la eliminación de pisos turísticos legales, Unsain apunta otro problema. “La experiencia internacional muestra que, si quitas de golpe la oferta regulada sin reforzar la inspección, el mercado se va a la economía sumergida, y eso solo trae más desorden y precariedad.” También avisa de que la regulación del alquiler temporal ha hecho que muchos dueños ya no lo vean atractivo. “Tener que justificar la temporalidad y el riesgo de que te reclasifiquen el piso como vivienda habitual meten mucha incertidumbre.”
Con la oferta cayendo y la demanda fuerte, Barcelona llega a una etapa clave. El debate ya no es solo sobre los pisos turísticos. Ahora la pregunta es cómo ampliar de verdad el parque de viviendas y devolver estabilidad a un mercado que, según los expertos, nunca estuvo tan tensionado como en los últimos diez años.